martes, 8 de marzo de 2011

HA JOON CHANG


1.1                  HA JOON CHANG (1963)

Foto: Ha Joon Chang (www. newschool.edu)

Ha-Joon Chang (nacido en Corea del Sur en 1963) es uno de los economistas heterodoxos más influyentes del mundo, especializado en la economía del desarrollo.  Chang es uno de los economistas más citados en la literatura de la economía del desarrollo, especialmente en artículos y libros que son críticos del liberalismo y del denominado “neoliberalismo”.  [1]
 Instruido en la Universidad de Cambridge, donde actualmente trabaja como conferencista, Chang es el autor de varios influyentes libros, entre ellos "Retirar la escalera". [2] También ha sido consultor del Banco Mundial y del Banco Europeo de Inversiones así como de Oxfam y varias agencias de Naciones Unidas.  Es miembro del Center for Economic and Policy Research de Washington D.C. También es conocido como inspirador de las ideas económicas del actual presidente del Ecuador, Rafael Correa.

Rafael Correa ha reconocido ser admirador de las ideas de Ha Joon Chang, por eso lo recibió en su despacho, el 31 de marzo del 2010, "Libre comercio, acceso a políticas industriales, ¡nada de eso practicaron!", manifestó el Jefe de Estado.  Ha Joon Chang dictó dos conferencias una en Quito y otra en Guayaquil, denominadas: “Destruyendo mitos”.

Antecedentes


Mientras estudiaba con Robert Rowthorn, un distinguido economista marxista Británico, [3] Chang elaboró una teoría sobre la política industrial, una "vía media" entre la planificación central y el libre mercado sin controles. Este trabajo llevó a la elaboración de una aproximación más amplia a la economía, la que Chang llama una "política económica institucionalista".  Esta perspectiva ubica a la historia económica y los factores socio-políticos como el eje de la evolución de las prácticas económicas.

 

Pensamiento


Su línea de pensamiento se acerca a la corriente keynesiana y marxista, que defienden la intervención del Estado en la economía, en calidad de agente económico, con el fin de corregir las distorsiones del mercado.  En una entrevista para el semanario Líderes (publicación de Diario El Comercio de Quito), afirmó que el Estado "debe regular, sobre todo en países en desarrollo, porque hay sectores estratégicos en los cuales el sector privado no quiere intervenir por el riesgo. Como regla general, diría que el Gobierno y la empresa privada pueden trabajar conjuntamente, pero la regulación es básica, porque los mercados no pueden autorregularse" y agregó, respecto a la relación entre el Estado y los empresarios, que "lo óptimo es que sean aliados, que se comprendan mutuamente y que tengan la capacidad de trabajar en conjunto".
Cuando se lo consultó sobre el recelo que causa la intervención activa del Estado en la economía, teniendo en cuenta que se ha encontrado evidencias de corrupción en varios gobiernos de América Latina, declaró que "ningún Gobierno es totalmente puro, pero marginar al Estado por corrupción es como decir que si una persona se lesiona jugando fútbol, entonces nunca más debe jugar".  En su opinión, los subsidios, si son bien utilizados, pueden ser favorables: "Si los subsidios son buenos o malos, depende. En ciertos casos, por ejemplo, los subsidios ayudan a erradicar el trabajo infantil. Además, la pobreza es un serio problema en América Latina, por eso, no veo nada de malo en que se destinen subsidios a servicios básicos de educación y salud.  Pero tener demasiados subsidios vuelve difícil el manejo del presupuesto, sobre todo si el Estado no genera ingresos para cubrir esos egresos adicionales".  Para Chang lo ideal sería que los más necesitados mejoren su calidad de vida a través de los subsidios y no requieran de ellos en el futuro.  [4]
            En Retirar la Escalera (ó “pateando la escalera”), Chang plantea que la gran mayoría de los países desarrollados usaron políticas económicas proteccionistas para enriquecerse, pero después intentaron prohibir que otros países hicieran lo mismo.  La OMC, el BM y el FMI son fuertemente criticados a causa de dichas acciones que son, según Chang, el obstáculo fundamental para la reducción de la pobreza mundial.  Esta obra, entre otras, llevó a Chang a ganar el Premio Wassily Leontief del 2005.  [5]

FUENTE: wikipedia

¿QUÉ PLANTEA HA JOON CHANG?


  • En las últimas dos décadas o más, los países subdesarrollados han estado bajo la gran presión de los países desarrollados y del control de las instituciones internacionales –tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio- para que adopten un conjunto de “buenas políticas”, especialmente de libre comercio, y de “buenas instituciones” así como leyes estrictas de patentes, con el fin de alentar el desarrollo de sus economías.
  • El hecho histórico es que, los hoy países desarrollados no progresaron sobre la base de políticas e instituciones que ahora ellos recomiendan, o incluso forzan a adoptar a los países subdesarrollados.
  • Dado que la adopción de tales “buenas políticas” y “buenas instituciones” ha fallado para generar el prometido aceleramiento del desarrollo económico, y que en algunos casos incluso han conducido al colapso económico y social, se requiere repensar radicalmente la ortodoxia del desarrollo.
  • Sobre todo, las condiciones anexas a la asistencia financiera bilateral y multilateral hacia los países subdesarrollados deben cambiar radicalmente, reconociendo que la receta ortodoxa no funciona y que no debe ser la simple receta de las “mejores prácticas” políticas la que deben usar todos.
  • Segundo, las reglas de la OMC deben ser rescritas de manera que los países subdesarrollados puedan usar más activamente aranceles y subsidios para desarrollo industrial.
  • Tercero, deben mejorarse las instituciones, pero esto no debe ser equiparado a la imposición del conjunto actual – o incluso de las pasadas- instituciones anglo-americanas en todos los países;  ni deben pretender precipitarse, toda vez que el desarrollo institucional es un proceso largo y costoso.
  • La mayoría de los actuales países ricos usaron la protección arancelaria y los subsidios para desarrollar sus industrias en las primeras etapas de su desarrollo. Es particularmente importante denotar que tanto la Gran Bretaña como los EE.UU., los dos países que supuestamente han alcanzado la cumbre de la economía mundial a través del libre mercado y las políticas de libre comercio, son los que más agresivamente usaron el proteccionismo y los subsidios.
  • Contrario al mito popular, la Gran Bretaña fue una agresiva usuaria, y en algunos casos pionera, activista de políticas para promover sus industrias.
·         Los EE.UU., actuales supuestos campeones del libre comercio, fueron incluso mucho más proteccionistas que los británicos a lo largo de su historia hasta antes de la Segunda Guerra Mundial.  De acuerdo con el reconocido estudio de Paul Bairoch, entre la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, fueron literalmente la economía mas fuertemente protegida del mundo.  Abraham Lincoln, fue un conocido proteccionista.
·         En el fuerte proteccionismo de sus industrias, los EE.UU. estuvieron en contra del consejo de prominentes economista como Adam Smith y Jean Baptist Say, quienes veían en la agricultura el futuro de su país.  Sin embargo, sabían como estaba el juego.  Conocían que los británicos habían alcanzado la cúspide mediante proteccionismo y subsidios, y por tanto ellos necesitaban hacer lo mismo si querían llegar a algún lado. 
·         Ha Joon Chang manifiesta que Gran Bretaña y EEUU son dos ejemplos extremos de la aplicación del capitalismo mercantilista para el desarrollo nacional, por ello y para defender su argumentación, señala además que Alemania, Japón, Corea del Sur y Suecia, también “retiraron o patearon la escalera”, el momento en que consiguieron el progreso, para que otros países no lo puedan hacer.  Sin embargo reconoce que hay algunas excepciones como Holanda o Suiza, naciones que han mantenido el libre comercio desde finales del siglo XVII, ya que dice que en ese tiempo esos países se encontraban en la frontera del desarrollo tecnológico y no necesitaron mucho proteccionismo. 
  • En sentido contrario a lo que asume la actual ortodoxia la mayoría de las instituciones, que son consideradas como prerrequisito para el desarrollo económico, emergen después y no antes de un grado significativo de desarrollo, en los actuales países industrializados.  (…) Cualquiera que sea la posición sobre la interrelación entre democracia y crecimiento económico en el mundo actual, es indiscutible que los actuales países desarrollados no se desarrollaron bajo la democracia (…)  Una conclusión importante que surge del examen histórico es que en los primeros días de desarrollo a los países prósperos, les tomo gran tiempo la construcción de estas instituciones.
  • El punto es que los países desarrollados en sus primeros tiempos fueron institucionalmente menos avanzados comparándolos con los actuales países subdesarrollados, en similares estadios de desarrollo.  Es innecesario decir que la calidad de sus instituciones en ese tiempo, se quedaban lejos de los “estándares globales” institucionales que hoy esperan que los países subdesarrollados instalen.
  • Ha Joon Chang, utiliza el término de Friedman: “libre para elegir”; el coreano dice textualmente: “la verdadera lección de la historia: la libertad de elegir”.
  • Si las políticas y las instituciones que los países ricos recomiendan a los países pobres no son aquellas que ellos mismos usaron cuando ellos eran subdesarrollados, entonces qué.  Nosotros solo podemos concluir que, sea intencional o no, los países ricos están efectivamente pateando la escalera que les permitió a ellos arribar a donde están ahora.  No es una coincidencia que el desarrollo económico ha empezado a ser más dificultoso durante las ultimas dos décadas cuando los países desarrollados empezaron a meter presión sobre los países subdesarrollados para que adoptaran las llamadas “buenas políticas e instituciones” (…)
  • Para cambiar esta supuesta manipulación “ortodoxa y neoliberal”, Ha Joon Chang propone, en primer lugar, que los hechos sobre las experiencias históricas de los países desarrollados deben ser ampliamente divulgados.  Esto no-solo es cuestión de “retomar correctamente la historia” sino también de permitir que los países puedan hacer una elección mas informada. Esto no significa que digamos que cada país debe adoptar una estrategia de desarrollo intervencionista. Algunos de ellos podrían por ejemplo beneficiarse de los modelos de Suiza o de Hong Kong.  Sin embargo, esta elección estratégica debe ser hecha con el conocimiento completo de que históricamente la mayoría de los países exitosos en el pasado hicieron lo opuesto cuando enfrentaron el mismo reto de competencia internacional de los países mas avanzados, como los países subdesarrollados enfrentan ahora.
  • Segundo, las condiciones anexas a la asistencia bilateral o multilateral ofrecida a los países subdesarrollados deben ser radicalmente cambiadas.  Se debe aceptar que la receta ortodoxa no funciona y que tampoco pueden ser que las políticas de las “mejores practicas” funcionen donde se usen.  Más específicamente, en términos de políticas, las “malas políticas” que la mayoría de los países hoy desarrollados usaron con mucha efectividad para ellos cuando fueron países subdesarrollados, deben ser al menos permitidas, sino activamente alentadas por los países desarrollados y las instituciones de política de desarrollo que están bajo su control.  Aunque es verdad que tales actividades de comercio y de políticas industriales algunas veces pueden degenerar en una red de privilegios y corrupción, esto no significa que estas políticas nunca fueron usadas ni bajo ninguna circunstancia.
  • Tercero, las reglas de la OMC deben re-escribirse de manera que los países subdesarrollados puedan usar más activamente aranceles y subsidios para el desarrollo industrial. Se les debe permitir que tengan leyes de patentes menos rígidas y otras leyes de derechos de propiedad intelectual. 
  • Cuarto, debe ser alentado el mejoramiento institucional, pero esto no debe ser equiparado a la imposición del conjunto actual – o incluso de las pasadas- instituciones anglo-americanas en todos los países. Esto necesita ser atendido de manera más seria, tanto en el nivel académico como práctico, para averiguar cuales instituciones son necesarias o al menos benéficas, y para que tipo de países, dado su estado de desarrollo y sus condiciones económicas, políticas e incluso culturales.  Especial cuidado se debe tener con objeto de no demandar rapidez excesiva en la elevación institucional en los países subdesarrollados, dado específicamente porque ellos tienen instituciones bastante sofisticadas comparándolas con las instituciones que los actuales países desarrollados tenían en similar estado de desarrollo, y dado que el establecimiento y el echar a andar de nuevas instituciones son costosos.
  • Ha Joon Chang concluye que, “Teniendo el derecho de elegir políticas e instituciones que son mas adecuadas a sus condiciones, los países subdesarrollados estarán en posibilidades de desarrollo más rápido.  Esto también será benéfico para los países desarrollados en el largo plazo, en tanto que podrán incrementar las oportunidades de comercio e inversión.  Así, los países desarrollados y las instituciones internacionales en las que tienen influencia no podrán ver esto como la tragedia de nuestro tiempo”.

FUENTE:http://www.aprodeh.org.pe/tlc/documentos/documentos_otros/Ha-Joon_Chang.pdf (Agosto del 2002)


Comentarios:
1) Ha Joon Chang, dice que los actuales países desarrollados no progresaron bajo la democracia, pero otra vez se olvida de Chile; país que durante la concertación liberal y social de 1989, consiguió consolidar el desarrollo obtenido no por estar en dictadura sino por hacerle caso a las recomendaciones científicas hechas por Friedman y los Chicago boys.  De esta manera, mediante el modelo de liberalismo social de la Concertación, Chile consiguió incluso mejores resultados.  Así que no es preciso estar en dictadura para progresar y menos, muchísimo menos en un sistema pro Estado, anti mercado y anti iniciativa privada (¿Acaso Cuba con una dictadura mesiánica de extrema izquierda, ha conseguido progresar?).  La democracia es un sistema inventado por la doctrina filosófica liberal; la dictadura en cambio, un régimen patrocinado por los totalitarismos monárquicos, de izquierda y de derecha. 

2) Ha Joon Chang reconoce la importancia del libre mercado y de las instituciones para el desarrollo, pero según él, fueron posteriores al Estado proteccionista.  Cuestiona además, el que los países hoy desarrollados hayan sido en su opinión, proteccionistas en el pasado y que hoy pretendan defender el libre mercado.  Su teoría –desde mi punto de vista- está equivocada en señalar que los países que han progresado, una vez que lo han hecho tratan de engañar al resto de naciones, “pateando la escalera” y predicando el libre comercio a ultranza, como si únicamente de eso dependiera el desarrollo nacional.  Hay amplia documentación que señala que a raíz de la liberalización comercial muchos países han prosperado, para lo cual previamente es necesario que las empresas domésticas aprendan a competir internamente.  Las preguntas aquí son: ¿lo podrán hacer basadas en aranceles y otras trabas al libre comercio?, ¿no se acostumbrarán más bien a la tutela del Estado generoso y benefactor, descuidando la calidad de sus productos?, ¿no aparecerán monopolios que perjudicarán al consumidor local por la vía de mayores precios?, ¿podremos atraer inversión al país, si sabemos que los inversionistas extranjeros prefieren la economía de mercado y huyen del proteccionismo de Estado?

3) Ha Joon Chang, hace un planteamiento defendiendo al capitalismo mercantilista, lo cual es perfectamente válido dado que todas las personas tenemos derecho a pensar y expresarnos en forma libre; sin embargo, hay que revisar bien la historia y analizar modelos de desarrollo que sean más actuales, es decir, no centrarse exclusivamente en EEUU y Gran Bretaña, países que están a cientos de “años luz” de desarrollo, con respecto a las naciones de la periferia.  De allí que en este libro, serán estudiados países que antes eran subdesarrollados y hoy están en camino de ser, o ya son desarrollados, sin que hayan aplicado capitalismo mercantilista para su reciente progreso.  Al contrario todos los países que serán analizados en el capítulo 4 son liberales socialmente responsables y además ni Chile, ni Hong Kong, ni Singapur, ni Australia, ni Suiza, son territorialmente extensos,  hiperpoblados, o desarrollados hace muchísimo tiempo; lo que hace más interesante su estudio, al ser más próximos o asimilables al caso ecuatoriano y latinoamericano. 

4) Gran Bretaña utilizó capitalismo proteccionista hasta el siglo XIX, pero no en forma deliberada y malintencionada para después recetarlo a las economías subdesarrolladas con el fin de que nunca consigan progresar, como parece sugerirlo Ha Joon Chang; lo hicieron así porque creyeron que ese era el adecuado camino para prosperar, dado que el mercantilismo era la doctrina prevaleciente en aquel entonces.  El propio Adam Smith, fue bastante crítico con el gobierno británico de su tiempo, pero el economista y filósofo escocés, se oponía a ello, por considerar que el proteccionismo mercantilista no era el modelo más adecuado para fomentar la riqueza de las naciones.  Smith, abogaba por el libre comercio, el libre mercado y la no monopolización de las actividades por parte de las industrias protegidas por el Estado.  De todos modos Gran Bretaña, se desarrolló hace dos siglos, por ello sería interesante ver ejemplos más actuales de países que están derrotando efectivamente al subdesarrollo.  Observemos modelos de desarrollo más próximos a nuestra realidad y no EEUU o Gran Bretaña, que son naciones prósperas hace muchísimo tiempo, a más de no presentar ninguna similitud ni con el Ecuador, ni con América Latina; región donde Chile es el ejemplo emblemático del notable éxito del liberalismo socialmente responsable en países otrora subdesarrollados. 

5) Ha Joon Chang se refiere a la emblemática figura del ex Presidente, Abraham Lincoln y dice que era un conocido mercantilista.  ¿Por qué Ha Joon Chang tuvo que recurrir a figuras históricas trascendentales para demostrar la supuesta eficacia de las tesis proteccionistas? ¿Será acaso que no existen personalidades más actuales? ¿Qué dirían Michelle Bachelet, Lula, José Mujica, Alan García, F. H. Cardoso, Oscar Arias, Felipe González, Tony Blair, en fin, tantos otros políticos de izquierda, que se dieron cuenta que son la eficiencia y la productividad marginal de las empresas privadas, la verdadera causa de la competitividad internacional y no la simple y fallida fórmula cortoplacista del Estado mercantilista convertido en empresario?


[2] Página personal de Ha-Joon Chang; ↑ Post-Autistic Economics Network. Reseña en inglés del libro "Retirar la escalera"
[4] Navas, Albertina: «La empresa y el Estado deben hablar cara a cara». Semanario Líderes. Núm. 515 (septiembre de 2007), p. 26

FRIEDRICH HAYEK


3.1      LA ESCUELA AUSTRÍACA: FrIEDRICH HAYEK (1899-1992)


 
Fotos: www. cepa.newschool.edu; y, www.luigikeynes.com
“Como miembro de  aquella pequeña tribu a la que tenía que pertenecer para sobrevivir, el hombre era todo menos libre.  La libertad es una construcción de la civilización, que ha liberado al hombre de los obstáculos del pequeño grupo y de sus humores momentáneos, a los que incluso el jefe tenía que obedecer.  Lo que hizo posible la libertad fue la gradual evolución de la disciplina de la civilización que es al mismo tiempo, la disciplina de la libertad”.  
“Libertad no significa solamente que el individuo tiene tanto la oportunidad como la carga de la elección; también significa que debe soportar las consecuencias de sus acciones.  Libertad y responsabilidad son inseparables”
“Veo la preservación de lo que es conocido como sistema capitalista, del sistema de libres mercados y de la propiedad privada de los medios de producción, como una condición esencial de la misma supervivencia de la humanidad”
“Viene de antaño la idea de que quienes adoptan las prácticas del mercado competitivo consiguieron mayor aumento demográfico y desplazaron a otros grupos que siguieron costumbres diferentes.... Sólo los grupos que se comportan conforme a ese orden moral logran sobrevivir y prosperar”
“En un Estado totalitario la situación es, permanentemente y en todos los campos, la misma que en los demás países domina algunos ámbitos en tiempos de guerra. Se ocultará a la gente todo lo que pueda provocar dudas acerca de la competencia del Gobierno o crear descontento”
“El socialismo...Pese a haberse inspirado en las mejores intenciones y haber tenido por mentores tal vez a lo más selecto de la sociedad, no deja de constituir una grave amenaza para el nivel de vida y la existencia misma de una parte de la población actual”
“Un orden no intencionado puede ser superior a cualquier otro que sea fruto de intencionada creación”
“Los órdenes naturales, tales como el mercado, no pueden ser captados por nuestros sentidos, sino que sólo cabe descubrir su existencia por la vía del intelecto”
“Totalitarismo es la nueva palabra que hemos adoptado para describir las inesperadas pero inseparables manifestaciones de lo que en teoría llamamos socialismo”
“Todo el aparato (colectivista) para difundir conocimientos: las escuelas y la prensa, la radio y el cine se usarán exclusivamente para propagar aquellas opiniones que, verdaderas o falsas, refuercen la creencia en la rectitud de las decisiones tomadas por la autoridad; se prohibirá toda la información que pueda engendrar dudas o vacilaciones”
“El principio de que el fin justifica los medios se considera en la ética individualista como la negación de toda moral social. En la ética colectivista se convierte necesariamente en la norma suprema; no hay, literalmente, nada que el colectivista consecuente no tenga que estar dispuesto a hacer si sirve "al bien del conjunto", porque el "bien del conjunto" es el único criterio, para él, de lo que debe hacerse”
“Una vez se admita que el individuo es sólo un medio para servir a los fines de una entidad más alta, llamada sociedad o nación, síguense por necesidad la mayoría de aquellos rasgos de los regímenes totalitarios que nos espantan. Desde el punto de vista del colectivismo, la intolerancia y la brutal represión del disentimiento, el completo desprecio de la vida y la felicidad del individuo son consecuencias esenciales e inevitables de aquella premisa básica; y el colectivista puede admitirlo y, a la vez, pretender que su sistema sea superior a uno en que los intereses “egoístas” del individuo puedan obstruir la plena realización de los fines que la sociedad persigue”
“Hay quienes se sienten tan perturbados por algunos de los efectos del mercado, que pasan por alto hasta qué punto resulta increíble y poco menos que maravilloso que este orden haya logrado imponerse en la mayor parte del mundo actual, un mundo que abarca millones de seres que trabajan en ambientes en constante transformación proporcionando medios de subsistencia a otros muchos hombres en gran parte desconocidos, y hallando al mismo tiempo satisfechas sus expectativas de que obtendrán bienes y servicios producidos por otras gentes igualmente desconocidas”
Friedrich Hayek
Hayek señaló la existencia de un “orden espontáneo”, el mismo que es el resultante de un proceso evolutivo de las instituciones de mercado, del idioma y de la ley.  Evolución que no ha sido generada por un diseño racional y planificado, sino más bien, resulta ser fruto de la acción humana, mediante sutiles mecanismos de prueba y error que las sociedades van desarrollando en el curso de la historia.
Friedrich Hayek (1899 - 1992), premio Nobel de Economía en 1974, ha sido posiblemente el pensador liberal más importante del siglo pasado.  Su completa teoría sobre la información, el orden espontáneo y el libro “Camino de servidumbre” son quizá sus dos mayores logros.
 (Fuente: http://www.liberalismo.org/articulos/19/f/hayek/)
Reseña del libro
Principios de un orden social liberal

F.A. Hayek
Unión Editorial, Madrid, 2002
130 páginas
Fuente: www.lalibreriadelau.com

Hayek en una lección


Para muchos Hayek fue el ideólogo de la revolución conservadora de Reagan y Thatcher. Para otros, un “neoliberal” extremo y para prácticamente todo el mundo, un desconocido.  Este austriaco que obtuvo el premio nobel de economía en el año 1974, aprendió economía de su maestro Ludwig von Mises y desde entonces comenzó a defender el liberalismo.

                Con su Camino de servidumbre mostró cómo los colectivismos parten de unos mismos principios que tratan de anular los derechos individuales para sacrificarlos en el altar del colectivo y que conducen a la sociedad al caos y a la miseria (Eso es lo que ha pasado con el socialismo comunista en todas partes del mundo, donde se lo ha querido implantar).  Una de sus obras más importantes es “Los Fundamentos de la libertad”.  Básicamente, Hayek subraya el hecho de que el conocimiento está disperso en la sociedad y que para dirigir una sociedad necesitaríamos ser “dioses” ya que la multitud de gustos, opiniones,… impedirían que los mandatos coactivos emanados de la autoridad central tuviesen éxito.  Pero no sólo se queda ahí.  Añade que ni el socialismo puede funcionar pero tampoco un Estado que interfiera en la formación libre o espontánea de las instituciones propias de nuestra civilización como el mercado, el lenguaje y muchas costumbres que se convierten en esenciales por perdurar en el tiempo al funcionar correctamente.  La defensa del orden espontáneo siempre encuentra oposición en quienes, como denomina Hayek, son racionalistas constructivistas.  En definitiva, en aquellos que utilizan la razón para cuestiones que a ella misma la superan.  Intentan reformar desde el mundo de las ideas sin tener en cuenta los múltiples factores que afectan a cada decisión o reforma. No pueden conocer las consecuencias imprevistas de cualquier decisión porque, al igual que no podemos conocer el futuro, al tratar con seres humanos no podemos prever cada movimiento que den.  Podemos dar predicciones cualitativas, pero no cuantitativas. No podremos saber cuánto aumentará el PIB si tal o cual reforma se lleva a cabo pero sí que aumentará, por ejemplo.

                Una de las reglas que Hayek menciona con más denuedo a lo largo del libro, es la aplicación de reglas aplicables a todos por igual. Una vez más se refiere al Estado de derecho.  Por ejemplo en aplicación de este principio, repudia el impuesto progresivo ya que infringe el principio de igualdad.  En este sentido, aboga más por un impuesto proporcional, antes que progresivo.  Es en este campo en el que Hayek se muestra más original al apuntar los problemas que surgen de las legislaciones particulares emitidas por el Estado cuando escucha a los grupos de presión.  Hayek confía en que con esas reglas, estas cuestiones sean menores pero desgraciadamente los casos se multiplican en nuestra sociedad.
 
                En otra de las secciones del libro se rastrea la historia del pensamiento liberal hasta el inicio del declive tras la primera guerra mundial.  Citando a Smith señala que su meritoria "contribución fue la idea de un orden que se autogenera y se construye espontáneamente si los individuos se someten al freno de leyes apropiadas"(p.61).  A partir de la primera gran guerra se intenta "prolongar la prosperidad y asegurar el pleno empleo mediante la expansión de la base monetaria y el crédito" introduciendo la inflación (un impuesto oculto) a escala mundial. De ahí al paro masivo no hubo que esperar mucho como los propios Mises y Hayek advirtieron en la década de los veinte.  Por otra parte, Hayek diferencia entre dos liberalismos: el de origen francés-racionalista y el inglés o evolutivo.  El primero acabará a juicio de Hayek por introducir el socialismo, mientras que el inglés por su prudencia y valoración positiva de la tradición, defenderá la sociedad liberal.
 
                Quizá uno de los puntos más débiles del análisis hayekiano estriba en el número de servicios que pueden ser asumidos por el mercado.  Pese a estas críticas, el pensamiento de Hayek despierta el intelecto y las ganas de defender la libertad.  Hayek es un gran pensador y esta es una de las mejores introducciones a su pensamiento.
Tomado de: http://www.liberalismo.org/articulo/142/19/hayek/leccion/

 



Friedrich A. Hayek

Por Eneas A. Biglione

                El 8 de Mayo de 1999, se conmemoró el primer siglo del nacimiento, de quien indiscutiblemente se convirtiera en uno de los más grandes defensores de la Libertad.  Aquel fabuloso discípulo del Profesor Ludwig Von Mises, transformado de las ideas socialistas al liberalismo clásico: Friedrich A Von Hayek
[1], quien protagonizara uno de los más grandes debates que recuerda la historia.

El gran dilema ¿Hayek o Keynes?
En 1931, Hayek fue invitado por Lionel Robbins a disertar en la London School of Economics sobre sus investigaciones relativas a la Teoría de los Ciclos. El éxito de tales exposiciones fue tal, que fueron recopiladas y luego de una minuciosa revisión, fueron publicadas bajo el nombre de Prices and Production.  A raíz de la revolución (en el estricto sentido de esta palabra) causada por las teorías expuestas sobre el capital y el ciclo de negocios en dicho libro, la cantidad de seguidores ingleses de la postura austríaca se multiplicó sensiblemente. En definitiva, los referidos estudiosos tuvieron la inapreciable oportunidad de tomar contacto directo con la contundencia académica de las ideas de la escuela austríaca de economía.  Pero, todo este auge llegó repentinamente a su fin en el año 1936 cuando John Maynard Keynes, publicó su General Theory on Employment, Interest and Money. Seguidores acérrimos de Hayek como: John Hicks, Abba Lerner, Nicholas Kaldor y Kenneth Boulding se inclinaron rápida y definitivamente hacia las  propuestas keynesianas.  Al respecto, en el magnífico obituario escrito en memoria de Hayek, Murray Rothbard nos cuenta: "Por aquel tiempo, Inglaterra era el centro intelectual del mundo económico y Keynes se respaldaba en la eminente reputación de la Cambridge University, además del alto concepto que poseía en la comunidad intelectual. El carisma personal de Keynes, sumado a su propuesta de supeditar la ciencia económica al estatismo, en una verdadera apología del incremento masivo del gasto público, tornó su propuesta política e intelectualmente irresistible".  Sin lugar a dudas, la fama y el prominente linaje familiar del niño mimado de Cambridge, lograron enturbiar un momento de gran auge académico de Hayek como economista.

Sus reflexiones durante la Segunda Guerra Mundial
Influido por la colosal obra “Socialismo” de su gran maestro Ludwig Von Mises, Hayek centró la tesis de su polémico Road to Serfdom (“Camino de Servidumbre”) publicado en 1944, en el que más allá de toda discusión violenta, los socialistas están equivocados en el plano de los hechos, es decir que su sistema se caracteriza por ser puntualmente impracticable.

                Con relación a este libro el mismísimo John Maynard Keynes, su acérrimo enemigo intelectual, comentó en una carta a Hayek: "El viaje me dio la oportunidad de leer bien su obra.  En mi opinión se trata de un gran libro. Todos tenemos las mayores razones para estarle agradecido por decir tan bien lo que tanto necesita decirse.  No esperará Ud. que yo acepte la totalidad de las doctrinas que contiene, pero moral y filosóficamente, estoy virtualmente de acuerdo con todo lo que dice, y no sólo de acuerdo, sino en el más completo acuerdo".

                Hayek se muestra a partir de esta obra como un liberal admirablemente sincero, valiente y sumamente cortés, arriesgando conscientemente todo su prestigio profesional. El autor en el prólogo de la misma dice: "[...] mis colegas socialistas siempre me han afirmado que, como economista, alcanzaría una posición mucho más importante en una sociedad del tipo que rechazo; siempre, por supuesto, que llegase a aceptar sus ideas.  No es menos cierto que mi oposición [al socialismo] no se debe a que difiera de las ideas en que me formé, pues en mi juventud lo compartí precisamente, y este me llevó a hacer del estudio de la economía mi profesión.  Para los que, a la moda de hoy en día, buscan un motivo interesado en toda declaración de opiniones políticas, permítanme agregar que tenía sobrados motivos para no escribir o publicar este libro". 

                Incluso el genial autor de 1984 y Animal Farm, George Orwell, luego de leerlo afirmó: "En el aspecto negativo de la tesis del profesor Hayek hay muchísima verdad. Nunca se afirmará suficientemente que el colectivismo comunista no es intrínsecamente democrático y que, por el contrario, pone en manos de una minoría tiránica poderes que jamás hubiera soñado ni siquiera la Inquisición española".

La concepción de la Mont Pelerin Society

                Durante 1947, el estado de cosas mundial era deplorable: la Unión Soviética alcanzaba su apogeo como líder marxista y creaba la cortina de hierro abarcando así Europa del Este; daba comienzo la guerra civil en China; los países de Europa occidental se encontraban gobernados mayoritariamente por políticos socialdemócratas; Estados Unidos se encontraba "inundado" de ideas keynesianas; y como si esto fuera poco, en un buen número de países del resto del mundo triunfaban electoralmente los partidos comunistas.

Fue precisamente, la preocupación por este desolador panorama, la que motivó a Hayek a idear la creación de una sociedad destinada al intercambio de ideas.   Además, dada la situación descrita, era preciso reunir cuanto antes a los escasos partidarios del orden social de la Libertad diseminados alrededor del mundo, puesto que momentáneamente no contaban con otra opción que mantener una desgastante actitud defensiva de sus convicciones con nulas posibilidades de intercambiar ideas y opiniones científicas. 

Comentario: Aquí Eneas Biglione (el autor de este interesante artículo sobre Hayek) describe el estado de cosas totalitarias en contra de la libre expresión que se daba en el mundo, por aquellos días.  De allí que es meritorio y hasta valiente, por parte de Hayek, haberse declarado seguidor del liberalismo y defender su doctrina.

                Así fue como en el mes de Abril de 1947, tras diez días de discusión acerca de los temas más candentes de la época, se creó la Mont Pelerin Society, a orillas del lago Geneva (en Suiza)
[2], un lugar de particular esplendor alpino, ante la presencia de una buena cantidad de economistas, historiadores, filósofos y periodistas provenientes de América y Europa, acérrimos defensores de la propiedad privada y la libertad individual.  No pocos eruditos se encontraban allí: Ludwig Von Mises, Wilhelm Röpke, Walter Eucken, Karl Popper, Henry Hazlitt, Lionel Robbins, Leonard Read, F.A. Harper, V. O. Watts, Milton Friedman, Aaron Director, Frank H. Knight, George Stigler, Jacques Rueff, Louis Baudin, Ludwig Erhard, Fritz Machlup, Helmut Shoeck y Bruno Leoni, entre otros. En un comienzo, las discusiones más fuertes se centraron entre los economistas de la Escuela Austríaca y los monetaristas de la Escuela de Chicago dirigidas principalmente a los temas monetarios y el patrón oro; y entre los creyentes y agnósticos respecto de Dios y la religión. Cinco décadas después de su creación, a la luz del ejemplo dado por su grandioso mentor Von Hayek, la Mont Pelerin Society continúa siendo un importante centro de debate intelectual, a pesar de los altibajos sufridos a lo largo de la historia.

Para que sepamos más sobre la Mont Pelerin Society (una sociedad liberal clásica fundada por Hayek y otros académicos, cuyo nombre deriva de su sede Mont Pelerin - Suiza), veamos a continuación algo sobre esta agrupación académica, destinada básicamente a expresar sus ideas y pensamientos en forma libre:
MONT PELERIN SOCIETY
Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1947, cuando muchos de los valores de la civilización occidental estaban en peligro, 36 académicos, la mayoría de ellos economistas, algunos historiadores y filósofos, fueron invitados por el profesor Friedrich von Hayek a reunirse en Mont Pelerin, cerca de Montreux, Suiza, para discutir el estado y el posible destino del liberalismo (en su sentido clásico) en el pensamiento y la práctica.
El grupo se describe a sí mismo como la Sociedad Mont Pelerin, después de que éste fuese el lugar de la primera reunión.  Se hizo hincapié en que no tenía la intención de crear una “ortodoxia”, alinearse con ningún partido político o realizar propaganda.
Su único objetivo era facilitar el intercambio de ideas entre los espíritus académicos afines, con la esperanza de fortalecer los principios y la práctica de una sociedad libre, a más de estudiar el funcionamiento, las virtudes y los defectos de las técnicas de mercado en los sistemas económicos.
Los miembros que incluyen altos funcionarios del Gobierno, premios Nobel, periodistas, expertos económicos y financieros y expertos en derecho de todo el mundo, se reúnen regularmente para presentar los más actuales análisis de ideas, tendencias y eventos.
FUENTE: http://liberalescontratotalitarios.rebeliondigital.es/Mont_Pelerin_Society.htm

1974: Primer Nobel de Economía para un liberal
En el año 1974 (un año después de fallecido su mentor y maestro, el profesor von Mises), Hayek fue galardonado junto a Gunnar Myrdal con el Premio Nobel de Economía a partir de su brillante elaboración de la Teoría de los Ciclos, convirtiéndose de este modo en el primer economista pro-libre mercado en recibir la referida distinción. Este hecho constituyó un episodio de gran conmoción para los seguidores de ambos homenajeados, puesto que mientras que Hayek se pronunciaba como un auténtico defensor del libre mercado, Myrdal era un férreo apologista de la intervención gubernamental en los asuntos vinculados al comercio internacional. Esta contradictoria situación, logró atraer sin dudas, la atención de un buen número de historiadores económicos. [3]

Sus últimas reflexiones
En una entrevista inolvidable que Lawrence Minardi le efectuó al Profesor Hayek para la revista Forbes, este ultimo confesó: "¿Sabe una cosa? Cuando yo era joven, únicamente los muy viejos creían en el mercado.  En mi madurez, casi nadie creía en él. Hoy compruebo que casi todo el apoyo que se me brinda proviene de los más jóvenes.  Esto evidencia un viraje intelectual casi total en cuanto concierne a las generaciones".

Una producción intelectual de inestimable valor y una vida incondicionalmente dedicada a la apología de la libertad, hacen de Hayek un personaje victorioso, trascendente y sin lugar a dudas, digno de ser admirado.

Bibliografía Consultada
-  Von Mises, Margit "My years with Ludwig Von Mises" (Libertarian Press, Inc.)
- Hayek, Friedrich A. "Precios y Producción" (Unión Editorial, Madrid)
- Rothbard, Murray "Hayek´s Obituary" (Mises Institute Web Site)
-          Hayek, Friedrich A. "La desnacionalización del Dinero" (Planeta-Agostini)

FUENTE: http://www.liberalismo.org/articulo/72/19/friedrich/hayek/fatal/arrogancia/

Reseña “Camino de servidumbre”

Friedrich A. Hayek
Alianza Editorial, Madrid, 2000
287 páginas
Por Daniel Rodríguez Herrera

En plena segunda guerra mundial, Hayek observó que la lucha contra el nazismo no estaría completa si no se combatía la raíz de los fenómenos totalitarios que arrasaban Europa.  Por esta razón, a modo de advertencia, se puso a escribir un libro pequeño, en el que pensaba que sólo ponía de manifiesto una serie de aspectos obvios, sobre las consecuencias inevitables de la planificación central de la economía.  Pese a que el autor nunca estuvo del todo satisfecho de ella, esta obra se convertiría en la más leída de entre las suyas, y en uno de los ensayos políticos más importantes del siglo XX.

Hayek conocía perfectamente los problemas económicos que inevitablemente traía y trae consigo el comunismo, después de su papel central (junto a su maestro Mises) en el debate sobre la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo.  Sabía, pues, que ninguna de las formas totalitarias que entonces gobernaban en Europa (nazismo, fascismo y comunismo) traería ningún bien, sino una mayor miseria.  Pero quedaba por desentrañar que el horror profundo del gobierno absoluto, las matanzas masivas, la destrucción absoluta de la libertad, eran también una consecuencia inevitable del socialismo colectivista o comunista.

                La tesis principal de este libro es que los fines no importan si el medio empleado es la planificación económica centralizada.  Todos los regimenes políticos que la enarbolan como solución terminan pareciéndose como gotas de agua, llevando a la destrucción de la democracia y obligando a los ciudadanos a recorrer el camino de servidumbre al poder político.  Muchos aducían, y aducen, que la planificación sólo afecta a la libertad económica, olvidando que sin propiedad privada estamos siempre a merced de los demás.  Y cuando el propietario único es el Estado, la dependencia del mismo difiere muy poco de la esclavitud.

Pero Hayek va más allá. Vamos a poner un ejemplo de sus razonamientos. Muchos creen que el totalitarismo puede ser bueno si sus dirigentes también lo son.  Lo que indica Hayek es que dichos dirigentes serán siempre lo peor de entre los más criminales.  Este hecho, que la historia ha corroborado en innumerables ocasiones, es demostrado con sencillez y lógica: puesto que para gobernar de forma totalitaria hay que imponer los fines del colectivo sobre los del individuo, el dirigente deberá coaccionar a muchísimas personas.  Esa coacción tomará las repulsivas formas del encarcelamiento, la tortura y el asesinato. Sólo podrán dirigir, por tanto, aquellos que estén dispuestos a tomar esas medidas para imponer sus tesis, es decir, los peores elementos de la sociedad (…)

                FUENTE: http://www.liberalismo.org/articulo/45/19/totalitarismo/

F. A. Hayek (1899-1992): Una semblanza moral

Por Jesús Huerta de Soto
Publicado en La Ilustración Liberal, nº 4, Octubre-Noviembre de 1999, pp. 123 a 128

                F.A. Hayek ha sido una de las figuras intelectuales más importantes del siglo XX. Filósofo multidisciplinar, gran pensador liberal y Premio Nobel de Economía, Hayek escribió una amplísima obra que es cada vez mejor conocida, y que está teniendo tan gran influencia en los más variados ámbitos, del pensamiento económico, político y social.

                Hayek nació en una familia de académicos y altos funcionarios, donde la vida intelectual y universitaria era muy valorada;  pero nunca fue –paradójicamente- un estudiante brillante: una gran y desordenada curiosidad intelectual le impedían concentrarse con aplicación en las diferentes asignaturas.  Según confesión propia, si tomaba apuntes no podía comprender lo que escuchaba e, incapaz de retener de memoria las explicaciones de sus profesores, se veía así obligado a reproducir siempre con gran esfuerzo los razonamientos que deseaba exponer. Como indica en su artículo "Dos tipos de mente", Hayek achacaba su fructífera capacidad intelectual precisamente al proceso mental, aparentemente desordenado e intuitivo, que le caracterizaba y que tanto contrastaba con la mente de otros teóricos de la Escuela Austriaca que, como Böhm Bawerk o el propio von Mises, dominaban absolutamente su materia y eran capaces de exponerla oral y verbalmente con gran rigor y claridad.

                Terminada la Primera Guerra Mundial, y tras regresar del frente (donde Hayek contrajo malaria y aprendió algo de italiano), nuestro personaje ingresó en la Universidad de Viena, entonces un hervidero de corrientes y discusiones intelectuales sin parangón en el mundo (un análisis riguroso del porqué se dio este fenómeno en la Viena de la posguerra está aún por hacer). Dubitativo entre la psicología y las ciencias jurídicas y sociales se decidió por estas últimas, especializándose en Economía Política de la mano de Friedrich von Wieser, quizás el representante más confuso y ecléctico de la segunda generación de economistas de la Escuela Austriaca de Economía.

                Según confesión propia, el Hayek de aquellos años no se diferenciaba mucho del resto de sus compañeros, en lo que a ideas políticas se refiere: era un socialista que, siguiendo los pasos de su maestro Wieser, pensaba que la benigna intervención del Estado era capaz de mejorar el orden social.  Fue la lectura del análisis crítico del socialismo publicado por von Mises en 1922 con el título de Die Gemeinwirtschaft, la que hizo que Hayek abandonara los ideales socialistas que abrazó en su primera juventud (Robbins y Röpke, entre muchos otros, también tuvieron una experiencia semejante como resultado de la lectura del libro de von Mises).  A partir de entonces, y gracias a una recomendación de Wieser, Hayek empezó a colaborar estrechamente con von Mises en el ámbito profesional (primero en la oficina de reparaciones de guerra que dirigía von Mises y después en el Instituto Austriaco del Ciclo Económico que éste había fundado) y en el académico (convirtiéndose en uno de los participantes más productivos del seminario de teoría económica que von Mises mantenía quincenalmente en su despacho de Secretario General de la Cámara de Comercio de Viena).

                Hayek debe a von Mises el punto de partida de casi todo lo que hizo en teoría económica. Gracias a von Mises, Hayek abandonó gran parte de la malsana influencia de Wieser y retomó el tronco fundamental de la concepción austriaca de la economía, que teniendo su origen en Menger, y habiendo sido enriquecida por Böhm Bawerk; von Mises, se había propuesto desarrollar y defender frente a las veleidades de teóricos positivistas, como Schumpeter, o más proclives al modelo de equilibrio, como Wieser.  Las relaciones entre el maestro von Mises y el discípulo Hayek fueron hasta cierto punto curiosas. Por un lado de gran admiración y respeto.  Pero, por otro, de cierto distanciamiento, según las épocas y circunstancias.  Debiéndose notar un cierto énfasis hayekiano por resaltar la independencia intelectual respecto de un maestro que, como reconocía el propio Hayek, a la larga la evolución de la propia realidad siempre terminaba poniendo de manifiesto que tenía razón.

                A partir de 1931, y gracias a otro discípulo de von Mises, Lionel Robbins, Hayek ocupó una cátedra hasta 1949 en la London School of Economics, convirtiéndose en el principal exponente en lengua inglesa de las aportaciones de la Escuela Austriaca de Economía. Hayek siempre mantuvo una exquisita cortesía académica con todos sus oponentes, a los que nunca achacó mala fe sino tan sólo el error intelectual.   Así ocurrió, por ejemplo, en sus polémicas con los teóricos socialistas, con Keynes y con Knight y la Escuela de Chicago, a todos los cuales se opuso no sólo en cuestiones metodológicas (Hayek llegó a decir que después de la Teoría General de Keynes, el libro más peligroso para la ciencia económica habían sido los Ensayos sobre economía positiva de Milton Friedman), sino también en teoría monetaria, del capital y de los ciclos. Jamás tuvo una palabra de queja o de reproche, ni siquiera cuando fue objeto de injustos y furibundos ataques por parte de Keynes, o cuando fue vetado por los miembros del departamento de economía de Chicago, cuya arrogancia les impidió aceptar la entrada de un "teórico de la Escuela Austriaca" en sus filas (afortunadamente Hayek sí fue admitido -sin salario oficial, pues su remuneración fue pagada por una fundación privada- en el departamento de ciencias sociales y humanidades de esa misma Universidad, en cuyo seno Hayek pudo escribir su monumental obra sobre Los fundamentos de la libertad).

                Su éxito como intelectual, no fue el mismo que el de su vida personal, donde tuvo algunos problemas.  Así, durante los años 60, Hayek empezó, a sufrir importantes achaques de salud: primero fueron problemas metabólicos que le dejaron extraordinariamente delgado, después una sordera creciente le convirtió en un intelectual hasta cierto punto distante en el trato personal; por último, agudos y recurrentes ataques de depresión le dejaban postrado e intelectualmente improductivo durante largas temporadas. (En el prólogo de Derecho, legislación y libertad, declara que, en algunos momentos, llegó a pensar que los problemas de salud que le aquejaban le impedirían acabar el libro).

                Todos estos achaques de salud (física y mental) desaparecieron, casi milagrosamente, cuando Hayek recibió el Premio Nobel de Economía en 1974.  A partir de entonces sintió que salía de su aislamiento académico, e inició una frenética actividad que le llevó a viajar por todo el mundo exponiendo sus ideas y logrando culminar varios libros más (el último de ellos: “La fatal arrogancia: los errores del socialismo” fue publicado cuando casi contaba 90 años de edad).

                Hayek siempre quiso mantenerse al margen de la actividad política.  Es más, consideraba incompatibles el rol del intelectual (que tenía que hacer de la verdad científica el norte de su vida) y el papel del político (siempre obligado a someterse al dictado de la opinión pública de cada momento para conseguir votos). Por eso consideraba que a la larga serían mucho más productivos los esfuerzos dirigidos a convencer a los intelectuales (de ahí su éxito a la hora de crear la Sociedad liberal Mont Pelerin) o a cambiar el estado de la opinión pública (Hayek disuadió de entrar en política a Anthony Fisher, convenciéndole de que sería mucho más útil crear el Institute of Economic Affairs y más tarde la Atlas Research Foundation, para expandir el ideario liberal por todo el mundo).

                Por último, un breve comentario sobre las relaciones de Hayek con la religión.  Bautizado como católico, desde joven abandonó la práctica religiosa y se hizo agnóstico. No obstante, con el paso de los años fue comprendiendo cada vez mejor, en general, el papel clave que la religión tiene para estructurar el cumplimiento de las normas pautadas que fundamentan la sociedad y, en particular, la importancia que los teólogos españoles de nuestro Siglo de Oro tuvieron como precursores de la moderna ciencia económica y social.  Es más, en 1992, el pensador católico Michael Novak sorprendió al mundo intelectual cuando hizo pública la extensa conversación personal que el papa Juan Pablo II y Hayek mantuvieron antes del fallecimiento de éste, de manera que existen signos inequívocos de la gran influencia que el pensamiento de Hayek tuvo en la encíclica Centesimus annus y en particular en sus capítulos 31 y 32, todos ellos llenos de importantes aportaciones hayekianas.  Nunca sabremos si este agnóstico declarado, en los últimos momentos de su vida, pudo dar los pasos que son necesarios para comprender y aceptar a ese ser supremo "antropomórfico que superaba, con mucho, su capacidad de comprensión". Pero de lo que si podemos estar seguros es de que comprendió como nadie los riesgos del endiosamiento de la razón humana y el papel clave que tiene la religión para evitarlos, hasta el punto de que, como indica Hayek en la última frase que escribió en su último libro, "de esta cuestión puede depender la supervivencia de toda nuestra civilización".
               
Fuente: http://www.liberalismo.org/articulo/19/19/f/hayek/18991992/semblanza/moral/


[1] Hayek, otro ex socialista marxista cambiado al liberalismo… ¿Cuántos liberales cambiados al socialismo marxista hay?  Trate de encontrarlos querido lector y se dará cuenta que no hay ningún “liberal arrepentido”, como si hay y muchos, “socialistas arrepentidos”: Lula Da Silva, José Mujica, Michelle Bachelet, Ricardo Lagos, Fernando H. Cardoso, Tabaré Vásquez, Ernesto Ottone, Mario Vargas Llosa, etc.
[2] Suiza es hoy por hoy una potencia del desarrollo mundial, de allí que ocupa el sexto lugar del mundo en el ranking de libertad económica 2010, publicado por la Heritage Foundation.  Gracias a las ideas filosóficas, económicas, sociales y políticas del liberalismo. 
[3] Esta es la prueba palpable de que los galardones tipo Premio Nobel no responden a “oscuros intereses”, como suelen decir, sin bases, algunos intelectuales.  Hayek, el economista liberal,  fue galardonado como tal en 1974 y compartió honores con un economista proteccionista. 

LUDWIG VON MISES

3.1      LA ESCUELA AUSTRÍACA: LUDWIG vON MISES (1881-1973)

 Ludwig Von Mises en su biblioteca (http://es.wikipedia.org/wiki/Ludwig_von_Mises)
“A los ojos de los marxistas, Ricardo, Freud, Bergson y Einstein se equivocan porque son burgueses; en los ojos de los nazis se equivocan porque son judíos”.
“La esencia de una libertad de las personas es la oportunidad de apartarse de las formas tradicionales de pensar y de hacer las cosas”.
“El deseo de un aumento de la riqueza puede ser satisfecha a través del intercambio, que es el único método posible en una economía capitalista, o por la violencia y la petición como en una sociedad militarista”.
“La corrupción es un mal inherente a todo gobierno que no está controlado por la opinión pública”.
“Si Dante, Shakespeare, o Beethoven habrían muerto en la infancia, la humanidad se hubiera perdido lo que les debe a ellos. En este sentido podemos decir que el azar[1] juega un papel en los asuntos humanos”.
“Los conocimientos económicos conducen necesariamente al liberalismo” [2]
“Todo impuesto específico, así como todo el sistema de impuestos de una nación, se invalida a sí mismo por encima de una cierta tasa de impuestos”.
“Nadie puede escapar a la influencia de una ideología dominante”.
”El gobierno no puede hacer al hombre rico, pero puede empobrecerlo”.
“Toda la oratoria de los promotores del gobierno omnipotente no puede anular el hecho que hay sólo un sistema que resulta en una paz duradera: una economía de libre mercado. El control gubernamental conduce al nacionalismo y, por tanto, produce conflictos”
”Las leyes y constituciones más generosas, cuando desaparece la economía de mercado, no son más que letra muerta”
“Si la historia nos pudiera enseñar algo, nos enseñaría que la propiedad privada está inseparablemente ligada a la civilización”
"Todo el mundo, sin importar lo fanáticos que sean a la hora de difamar y luchar contra el capitalismo, implícitamente le rinde homenaje,  al demandar apasionadamente sus productos".
"El laissez faire no significa: Dejen que operen las desalmadas fuerzas mecánicas.  Significa: Dejen que cada individuo escoja cómo quiere cooperar en la división social del trabajo; dejen que los consumidores determinen cuáles empresarios deberían producir.  Planificación significa: dejen que únicamente el gobierno escoja e imponga sus reglas a través del aparato de coerción y compulsión"
"Aquellos que recurren a la opresión violenta, están en su subconsciente, convencidos de lo insostenible de sus propias doctrinas"
“El patrón oro tiene una tremenda virtud: la cantidad de dinero en circulación, bajo el patrón oro, es independiente de las políticas de los gobiernos y partidos políticos.  Esta es su ventaja.  Es una forma de protección contra gobiernos despilfarradores"
"Lo único que cuenta es el innovador, el que disiente, el que proclama cosas que nadie ha oído antes, el hombre que rechaza los estándares tradicionales y busca sustituir los viejos valores e ideas por otros."
"La primera cosa que necesita un genio es respirar aire libre"
"Cualquier ama de casa sabe más sobre las variaciones de los precios que afectan a su hogar que los informes estadísticos... [Y es que] ella, no es menos científica ni más arbitraria que los rebuscados matemáticos que usan sus métodos para manipular los datos del mercado."
"Los ricos adoptan las novedades y se acostumbran a su uso.  Esto inicia una moda que otros imitan.  Una vez que las clases más ricas han adoptado un cierto modo de vida, los productores tienen un incentivo para mejorar los métodos de fabricación, y, así, pronto es posible para las clases más pobres el hacer lo mismo.  De esta manera, el lujo adelanta el progreso.  La innovación es el capricho de una élite antes de convertirse en la necesidad del público.  El lujo de hoy es la necesidad del mañana."
“El capitalismo no necesita ni la propaganda ni los apóstoles.  Sus logros hablan por sí mismos.  El capitalismo nos trae los bienes, el dinero, el método, y el proceso de mercado”.
Ludwig von Mises
Economista nacido en Austria.  Perteneciente a la denominada Escuela austriaca, defendió el liberalismo económico frente al socialismo y a la intervención del Estado en la vida económica.  En 1912 publicó Teoría del dinero y el crédito (1912), en la que asignó al dinero un precio determinado, al igual que cualquier otro bien, determinado por la oferta y la demanda.  Esta misma obra recoge sus teorías sobre los ciclos económicos: según Mises, el ciclo se produce por la ideología inflacionista de los bancos centrales que, al igual que los políticos y los hombres de negocios, prefieren mantener bajos los tipos de interés de manera artificial, con el consiguiente exceso de inversiones.
En 1922 publicó su segundo trabajo importante, Socialismo, en el que predijo la ruina de dicho sistema como consecuencia de la ausencia de precios (¿Se equivocó o no von Misses, haciendo su pronóstico mucho antes de que el sistema colapsara?).  Además criticó la intervención estatal por la alteración que producía en los precios y en la correcta asignación de los recursos.  En 1944 sentó las bases de la moderna economía de la burocracia y llamó la atención sobre el crecimiento descontrolado de las agencias gubernamentales. En 1969 se retiró de la actividad académica, siendo a sus 87 años el profesor en activo de más edad de Estados Unidos.  País cuya nacionalidad adoptó en 1946. Miembro del National Bureau of Economic Research, impartió también clases de Economía en la Universidad de Nueva York entre los años 1945 y 1969.
FUENTE: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/mises.htm
Ludwig von Mises más que ser un anti socialista, fue más bien un opositor a todas las formas de intervención gubernamental, apoyando al capitalismo liberal, fundado en su convicción profunda por la libertad individual.  Ludwig von Mises fue un constante defensor del hombre emprendedor, del intelectual y empresario, cuyas actividades son la fuente de progreso para toda la humanidad y que, como demostró a lo largo de su vida y de su fecunda teoría económica, sólo pueden florecer bajo el liberalismo, es decir, cuando el ser humano es libre de desarrollar las actividades que desea, siempre y cuando respete las leyes y los derechos de las demás personas.  (Fuente: http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/ludwig-von-mises.html)
Durante los años veinte, desde su puesto, Mises luchó con éxito contra la inflación y utilizó su influencia para imponer las reformas monetarias y financieras que experimentó Austria en 1922. No pudo impedir, no obstante, el constante aumento de la reglamentación estatal que, en su opinión, dilapidaba la hacienda pública. Esto le llevó a postular la teoría de que el intervencionismo estatal era totalmente contraproducente.  Excluyó como soluciones las posibles terceras vías y defendió el laissez-faire como único remedio.  En 1927, publicó una concisa presentación de su política filosófica utilitaria en El liberalismo.
Comentario: En mi opinión, las terceras vías sí son posibles; siempre y cuando se coloque al LIBERALISMO como eje conductor y a la parte SOCIAL como aspecto complementario del desarrollo.  Las terceras vías fracasadas, son las que han colocado al bienestar social, a la igualdad y a la justicia, por sobre la libertad.  De allí el nombre del modelo exitoso: LIBERALISMO SOCIAL.
A finales de los años veinte publicó una serie de artículos sobre el carácter epistemológico de la ciencia económica. Mises afirmó que la ciencia económica no podía ser refutada ni comprobada a través de los datos observables.  La Economía era una ciencia en la que predominaban los juicios a priori al igual que las matemáticas, la lógica o la geometría. No obstante, opinaba que la Economía era parte de una ciencia social más amplia, la Praxeología. 
La praxeología es la ciencia que estudia la estructura lógica de la acción humana (praxis). El término fue acuñado en 1890 por Alfred Espinas en la Revue Philosophique, pero se usa comúnmente en relación con la obra del economista austriaco Ludwig von Mises y sus seguidores de la Escuela de Viena, también denominada Escuela psicológica de economía.
La praxeología centra su atención en el individuo, en el impulso de quien efectivamente e indudablemente actúa (individualismo metodológico), sacando de este estudio unos axiomas o principios elementales, sólidos e inmutables, con los cuales entender y analizar el proceso del accionar humano. Su análisis parte de las apreciaciones y aspiraciones del consumidor, quien opera basándose en su propia y siempre mudable, escala de valores (homo agens), las cuales combinadas y entrelazadas generan el total de la oferta y la demanda (valoración subjetiva).
La praxeología toma la ciencia económica como la aplicación de unos axiomas lógicos y psicológicos; rechazando usar los métodos de las ciencias naturales, para estudiar las ciencias sociales (como el darwinismo evolucionista, por ejemplo que dice que sólo los más fuertes sobreviven en la competencia productiva, igual que en la “ley de la selva”).  Para la praxeología las verdades y conclusiones que entretejen la ciencia económica específicamente, y en general a las ciencias sociales, no son sino derivaciones lógicas de los principios de la acción humana:
El hombre actúa
Prefiere unas cosas a otras
Concurre a la acción para alcanzar sus siempre mudables, pero en cada momento, concretos y específicos fines
El factor tiempo influye en su accionar
Estos axiomas praxeológicos se encuentran postulados originalmente en el tratado de economía “Acción humana”, elaborado por Ludwig von Mises.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Praxeología
Volviendo a von Mises, En 1940 tuvo que huir de Europa por temor a ser apresado por los nazis. Se instaló en Nueva York y se naturalizó estadounidense en 1946. A partir de 1945 fue catedrático en la Universidad de Nueva York.
Mises fue, con su renovación del liberalismo clásico a través de la Escuela Austríaca de Economía, uno de los principales mentores espirituales del liberalismo libertario y su obra La acción humana (1949) ejerció gran influencia en intelectuales de raigambre austríaca como Friedrich Hayek, Murray Rothbard, Hans Sennholz, George Reisman, Ralph Raico, Leonard Liggio, Tibor Machan, Peter Boettke, Roger Garrison, Manuel Ayau y Joseph Keckeissen. Pero también fue vital para economistas no pertenecientes a su escuela (la mayoría de ellos Premios Nobel) y pensadores de muy diferentes áreas: Max Weber, Joseph Schumpeter, Oskar Lange, Henry Simons, Lionel Robbins, Maurice Allais, Milton Friedman, John Hicks y la lista sigue hasta el actual economista experimental Vernon Smith entre tantos otros.  Von Mises murió en 1973 en el hospital St. Vincent de Nueva York, a la edad de 88 años, contradiciendo aquello de que los elegidos de Dios se van temprano.
Por intermediación de Henry Hazlitt (periodista económico autor del libro clásico La economía en una lección), Ludwig von Mises conoció a la célebre filósofa y escritora objetivista Ayn Rand, de quien ya había leído El manantial, habiéndole gustado mucho.  Ayn Rand, que ya tenía una cierta notoriedad pública en Estados Unidos, comenzó una campaña concertada para dar a conocer la obra de von Mises: publicó reseñas de sus libros, lo citó en sus artículos y discursos, asistió a varias conferencias de Mises y, en fin, recomendó su lectura a sus seguidores. Varios economistas han afirmado que es en parte gracias a los esfuerzos de Ayn Rand el que la obra de Mises haya podido llegar a un público tan amplio. (Fuente: The Passion of Ayn Rand, de Barbara Branden).
 Ayn Rand, escritora, fundadora de la escuela filosófica conocida como “objetivismo”.  Rusa de nacimiento y por esas extrañas paradojas del destino, abiertamente opuesta al socialismo totalitario de la ex URSS.  Era extremadamente liberal y defendía al individuo por sobre todas las cosas.   (Foto: http://adiosalestado.blogspot.com/2008/02/recordando-ayn-rand-en-el-103.html
EXTRACTO DEL LIBRO: “ACCIÓN HUMANA”

El intervencionismo, la supuesta política de mitad del camino

Autor: Ludwig von Mises
Ludwig von Mises (1881-1973) fue uno de los principales economistas liberales del siglo XX.   Este es un extracto de su libro Human Action: A Treatise on Economics (Fox Wilkes, 1996).
Un segundo grupo parece ser menos radical.  Ellos rechazan al socialismo no menos que al capitalismo. Recomiendan un tercer sistema, el cual, dicen ellos, está tan alejado del capitalismo como lo está del socialismo, el mismo que como un tercer modelo de organización económica de la sociedad, se encuentra en la mitad del camino entre esos dos sistemas y, al mismo tiempo que retiene las ventajas de ambos, evita las desventajas inherentes en cada uno.  Este tercer sistema es conocido como intervencionismo. En la terminología de la política estadounidense es constantemente referido como una política de mitad del camino.
Lo que hace popular con mucha gente a este tercer sistema es la manera particular en que ellos escogen ver a los problemas socioeconómicos. Tal y como lo ven, dos clases, los capitalistas y empresarios por un lado, y los asalariados por el otro, discuten sobre la distribución del rendimiento del capital y las actividades empresariales. Ambos bandos están reclamando todo el pastel para ellos. Ahora, sugieren estos mediadores, hagamos las paces repartiendo igualmente el valor disputado entre las dos clases.  El Estado como árbitro imparcial debería intervenir, y debería poner freno a la codicia de los capitalistas y asignarle parte de las ganancias a las clases trabajadoras. Entonces será posible destronar al capitalismo moloch sin entronar al socialismo totalitario moloch.
Sin embargo, este modo de juzgar la situación es totalmente falaz. El antagonismo entre capitalismo y socialismo no es una disputa sobre la distribución del botín. Es una controversia acerca de cuál de los dos esquemas de organización económica de la sociedad, capitalismo o socialismo, propicia un mejor logro de aquellos fines los cuales todas las personas consideran como el objetivo final de las actividades comúnmente llamadas económicas, es decir, la mejor oferta posible de servicios y artículos de valor.  El capitalismo quiere conseguir dichos fines mediante la empresa e iniciativa privadas, sujetas a la supremacía del público comprando o absteniéndose de comprar.  Los socialistas quieren sustituir el plan único de una autoridad central por los planes de los diversos individuos. Ellos quieren poner en lugar de lo que Marx llamó la "anarquía de la producción" al monopolio exclusivo del gobierno.  El antagonismo no se refiere al modo de distribuir un monto fijo de servicios. Se refiere al modo de producir todos esos bienes que la gente quiere disfrutar.
El conflicto entre los dos principios es irreconciliable y no permite ningún compromiso. El control es indivisible.  O la demanda de los consumidores tal y como se manifiesta en el mercado decide para cuáles propósitos y cómo deberían ser empleados los factores de producción, o el gobierno se hace cargo de dichos asuntos.  No hay nada que podría mitigar la oposición entre dos principios contradictorios.  Ellos se excluyen el uno al otro.   El intervencionismo no es una mitad dorada entre capitalismo y socialismo. Es el diseño de un tercer sistema de organización económica de la sociedad y debe ser entendido como tal.
Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.  Enlace:
                Comentario: En estos momentos de inicios del siglo XXI, cuando ya hemos experimentado todos los modelos de desarrollo, no cabe duda que el más exitoso (que tiene sus fallas también, al ser producto de la acción humana), el que consigue un desarrollo sostenible de largo plazo es el modelo liberal.  No obstante, cuando los países enfrentan crisis económicas, se hace necesaria la presencia del Estado para que reactive la economía mediante un estímulo a la economía contraída por la crisis.  Lo anterior era sostenido por Keynes, el llamado padre de la macroeconomía moderna.  No obstante, el reiterado error en el que incurren muchos keynesianos es en pensar que esta intervención del Estado en la economía debe ser permanente, con lo cual consiguen dos cosas: 1) estimular la producción y en ocasiones también el empleo, pero sólo en el corto plazo; y, 2) elevar la inflación en el mediano y largo plazo, con las dañinas consecuencias que todos sabemos que presenta el incremento continuo y persistente del nivel de precios en la economía.
                En tal sentido, lo que deberíamos hacer más allá de defender al socialismo y al capitalismo, es buscar e implementar un modelo de desarrollo probado a escala global, que ha permitido que los países, al margen de su posición ideológica (caso el Chile de la Concertación, por ejemplo) lo transiten.  Ese sistema sin duda es el liberalismo social basado en la doctrina liberal clásica de Adam Smith, que dice que un país para progresar en todas sus líneas, tanto material como espiritualmente, debe basar su crecimiento y su desarrollo socioeconómico de largo plazo en valores morales como la ética, la honestidad, el respeto a las opiniones ajenas, la libertad económica, el mercado libre únicamente regulado cuando haya fallas, la sana competencia y por supuesto la necesaria solidaridad social con los pobres y excluidos del sistema, es decir, con aquellos que no han tenido las mismas oportunidades, sea por incapacidad física o mental.
Lo que no debemos hacer es seguir pensando que un modelo es más solidario, en función a los subsidios que se entreguen generosamente a la población.  Un modelo será más solidario, cuando brinde más y mejores oportunidades para todos, cuando después de haber conquistado la riqueza, muchas personas entiendan que “ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayor parte de sus miembros es pobre y miserable” (Adam Smith, La Riqueza de las Naciones), como actualmente lo han comprendido algunos famosos multimillonarios, quienes a más de predicar sobre libre mercado, reparten equitativa y solidariamente su fortuna bien habida al resto de la sociedad, regentando fundaciones.  No faltara gente que por su peligroso fanatismo político, diga que multimillonarios como Bill Gates, Warren Buffet y Carlos Slim, regentan fundaciones o hacen obras de caridad, sólo para evadir impuestos, lo cual obviamente no es real, pues está basado en simples fábulas y en el bien reconocido marketing ideológico de la extrema izquierda mundial y continental, experta en usar calificativos despectivos para referirse al exitoso y mundialmente reconocido modelo liberal de desarrollo, dada su escasa capacidad de encontrar argumentos válidos, tras el derrumbe del socialismo real a escala planetaria.  La pregunta es: ¿se cayó o no el Muro de Berlín en Alemania? porque parece que algunos intelectuales todavía no se han enterado, en tanto que el capitalismo liberal con todas sus virtudes y defectos, ya lleva más de 200 años. Por algo será, ¿no creen? Qué esperamos entonces para seguir ese exitoso modelo, ¿seguiremos satanizándolo con el término "neoliberal"?, o ¿tendremos la talla y el talante de líderes para reconocer que nos hemos equivocado siguiendo sendas estatistas y benefactoras que sirven sólo en el corto plazo?
Mientras sigamos pensando así, con esa mentalidad tercermundista, no saldremos del subdesarrollo.  La revolución que debemos hacer en el Ecuador y en América Latina, es mental y tiene que ver con cambiar nuestros caducos y obsoletos pensamientos provenientes de la revolución de octubre de 1917 en la ex URSS, por pensamientos llenos de fe y de optimismo en que un mejor mañana es posible, porque si otros países ya lo hicieron, ¿por qué no lo podemos hacer nosotros? En mi opinión personal porque nuestras autoridades no son verdaderos líderes de un cambio positivo, una transformación profunda sí; pero pacífica, no violenta, ni divisionista.  Porque no han entendido que en lugar de quejarse de lo que hicieron o dejaron de hacer los gobiernos anteriores, es necesario caminar hacia una verdadera concertación en los que se incluya a todos los actores de la sociedad civil, desde el más humilde hasta el más encopetado.  Porque los verdaderos líderes no son los que más hablan, sino los que más hacen.  Porque los verdaderos líderes se parecen a Nelson Mandela, el ex presidente de Sudáfrica, ex premio nobel de la Paz, quien consiguió desarticular los odios raciales entre blancos y negros en su país, habiendo él mismo sido encarcelado por gente blanca.   Cuando muchos pensaban que él iba a gobernar de una manera parcializada hacia su raza, Mandela no lo hizo así y pacificó su país.  Demostrando su talla de líder, porque uno que se precie de ser considerado como tal, no es el que hace cosas para que el pueblo lo aplauda; es aquel cuyas acciones están motivadas por la responsabilidad de legar a las futuras generaciones un mejor mañana.  Un verdadero líder es el que actúa en función al bien común y no en base a sus particulares intereses de grupo o partido político.  El verdadero estadista, piensa más en las futuras generaciones, antes que en las próximas elecciones.
En tal sentido, me declaro en contra del intervencionismo económico pero no comparto tampoco ciertas posiciones del individualismo o liberalismo extremo, que piensa que no es necesario líderes para salir del subdesarrollo.  Nuestras sociedades latinoamericanas, acostumbradas al caudillismo, a que nos dirijan, a ser obedientes en definitiva, requieren obviamente de nuevos líderes.  Así es que, ¡por supuesto! que  necesitamos líderes positivos, verdaderos estadistas que sean del talante de: Nelson Mandela, Lula Da Silva, Ricardo Lagos, Alan García (el actual, no el de hace 20 años), Óscar Arias, José Mujica, Tabaré Vásquez, Fernando Henrique Cardoso, Deng Xiaoping, Eloy Alfaro, Simón Bolívar, Juan Montalvo, Ludwig Erhard, en fin, hay tantos nombres de gente ilustre que realmente necesita nuestra América Latina para enrumbarse en el tren del progreso y el desarrollo socioeconómico; porque lamentablemente nuestros pueblos se han acostumbrado a la ley del menor esfuerzo, al caudillo de verbo y gasto público fácil.
Porque hay que decirlo claramente, pienso que en muchos sitios de nuestro continente hay mucha gente que sigue a sus líderes no por lo que piensan sino por la manera en la que satisfacen sus necesidades más inmediatas, por culpa de la pobreza en la que viven.  De allí que es necesario que haya líderes que realmente no hagan lo que el pueblo quiera, sino más bien que hagan lo que sea necesario para salir del subdesarrollo, aun a costa de su popularidad, aunque no creo que sea necesario perderla si se le dice al pueblo cuál será la senda trazada, a qué objetivo apuntamos.  La culpa de esta pérdida de valores materiales en la sociedad pasa por todos nosotros, incluidos los liberales también, quienes no hemos sabido ganarnos el afecto, la simpatía y el cariño de la gente, por pensar más en el lucro y menos en el bien común.  Por ello es la hora de los nuevos líderes, de los emprendedores públicos y privados que saquen el país adelante, respetando la libertad individual y económica del ser humano, cobrando impuestos progresivos, como nos enseñó Adam Smith, pero sin perseguir políticamente a nadie por ello.  Un mejor país es posible, siempre y cuando todos y cada uno de nosotros desde nuestras diferentes corrientes de pensamiento nos unamos en pos del mismo ideal, conseguir nuestra “visa al desarrollo”, dejando de lado mezquinos intereses personalistas, entendiendo que sólo el liberalismo social garantiza un escenario de mayor libertad con responsabilidad, con justa distribución de la riqueza, una vez que se haya conseguido el crecimiento económico.

El significado del laissez faire

Autor: Ludwig von Mises
Ludwig von Mises (1881-1973) fue uno de los principales economistas liberales del siglo XX.   Este es un extracto de su libro Human Action: A Treatise on Economics (Fox Wilkes, 1996).
En la Francia del siglo XVIII la expresión laissez faire, laissez passer era la fórmula mediante la cual algunos de los liberales comprimían su programa. Su objetivo era el establecimiento de una sociedad de mercado sin obstáculos. Con el fin de alcanzar dicho fin, ellos abogaban por la abolición de todas las leyes que promovían que gente más industriosa y más eficiente superara a competidores menos industriosos y menos eficientes, y que restringían la movilidad de artículos y hombres.  Esto era lo que la famosa máxima estaba diseñada a expresar.
En nuestra era de anhelo apasionado por un gobierno omnipotente la fórmula de laissez faire ha sido perturbada.  La opinión pública actualmente la considera como una manifestación tanto de depravación moral como de ignorancia absoluta.
A como ve las cosas el intervencionista, la alternativa es "fuerzas automáticas" o "planeamiento deliberado".  Resulta obvio, insinúa, que confiar en los procesos automáticos es una total estupidez.  Ningún hombre racional puede recomendar seriamente no hacer nada y dejar que las cosas trabajen sin ninguna interferencia por parte de una acción propositiva. Un plan, por el simple hecho de ser una muestra de acción deliberada, es incomparablemente superior a la ausencia de cualquier planificación. Se dice que el laissez faire significa: Dejen que los males perduren, no traten de mejorar la suerte de la humanidad a través de la acción racional.
Esto es una habladuría totalmente falaz. El argumento esgrimido en favor de la planificación es enteramente derivado de una interpretación inadmisible de una metáfora. No tiene otro fundamento que las connotaciones implicadas en el término "automático", sobre el cual existe la costumbre de aplicar en un sentido metafórico para la descripción del proceso del mercado. Automático, dice el Diccionario Conciso de Oxford, significa "inconsciente, poco inteligente, simplemente mecánico". Automático, dice el Diccionario Colegiado de Webster, significa "no estar sujeto al control de la voluntad,... llevado a cabo sin un pensamiento activo y sin una intención o dirección consciente". ¡Qué victoria para el campeón del planeamiento el echar mano a esta carta triunfadora!
La verdad es que la alternativa no está entre el mecanismo muerto o el automatismo rígido por un lado y la planificación deliberada por el otro. La alternativa no radica entre un plan o ningún plan. La cuestión es, ¿quién está planeando? ¿Debería cada miembro de la sociedad planear por sí mismo, o debería un gobierno benevolente planear por sí solo para el resto de la sociedad? La cuestión no es automatismo versus acción deliberada; es la acción autónoma de cada individuo versus la acción exclusiva del gobierno. Es libertad versus omnipotencia gubernamental.
El laissez faire no significa: Dejen que operen las desalmadas fuerzas mecánicas. Significa: Dejen que cada individuo escoja cómo quiere cooperar en la división social del trabajo; dejen que los consumidores determinen cuáles empresarios deberían producir. Planificación significa: dejen que únicamente el gobierno escoja e imponga sus reglas a través del aparato de coerción y compulsión.
Entonces, por ejemplo, el profesor Harold Laski, antiguo presidente del Partido Laborista británico, determinaría como el objetivo de la dirección planificada de la inversión "que el uso de los ahorros del inversionista será en vivienda en lugar de cines".  Está fuera de discusión si uno está de acuerdo o no con la visión del profesor de que mejores casas son más importantes que las películas.  Es un hecho que los consumidores, al gastar parte de su dinero en entradas para cines, han tomado otra decisión. Si las masas de Gran Bretaña, las mismas personas que arrolladoramente pusieron al Partido Laborista en el poder, dejaran de patrocinar las películas y gastaran más en viviendas y apartamentos confortables, los empresarios buscadores de rentas se verían forzados a invertir más en construir casas y apartamentos y menos en la producción de películas caras.  El deseo del señor Laski fue el de desafiar los deseos de los consumidores y sustituir la voluntad de éstos por la propia. Él quería abolir la democracia del mercado y establecer el mandato absoluto de un zar de la producción. Quizás él creía estar en lo correcto desde un punto de vista más elevado, y que como un súper hombre él estaba llamado a imponer sus propios juicios sobre las masas de hombres inferiores.  Pero entonces debió ser lo suficientemente honesto como para decirlo directamente.
Todas estas alabanzas a la supereminencia de la acción gubernamental no son nada más que un pobre disfraz a la glorificación intervencionista. El gran Estado bienhechor es un gran dios únicamente porque se espera que haga exclusivamente lo que el defensor individual del intervencionismo quiere que se logre.  Solamente es bueno el plan que el planificador individual apruebe completamente. Todos los otros planes son simplemente falsos.  Al decir "plan", lo que tiene en mente el autor de un libro sobre los beneficios de la planificación es, por supuesto, su propio plan únicamente.  Él no toma en cuenta la posibilidad de que el plan que el gobierno ponga en práctica podría diferir del suyo propio.  Los diferentes planificadores están de acuerdo únicamente en su rechazo al laissez faire, es decir, la discreción del individuo a escoger y actuar.  Ellos están completamente en desacuerdo en cuanto a la escogencia de un plan único que debe ser adoptado. A cada señalamiento de los defectos manifiestos e irrefutables de las políticas intervencionistas los apologistas del intervencionismo reaccionan de la misma forma.  Estas fallas, dicen ellos, fueron el resultado del intervencionismo espurio; lo que nosotros proponemos es un buen intervencionismo, no uno malo.  Y, por supuesto, el buen intervencionismo es el mismo del profesor.
Laissez faire significa: Dejen que el hombre común escoja y actúe; no lo obliguen a ceder ante un dictador.
Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.  Enlace: http://www.elcato.org/node/354
Comentario: No se trata de alabar el laissez faire o de censurar a la planificación, un equilibrio entre las dos posturas sería lo adecuado.  Comparto con von Mises en el sentido de que es mejor dejar las herramientas de la planificación al individuo y no al Estado, por más buena voluntad que éste tenga, o por más preparado que sea el gobernante, porque por ejemplo, no estaría bien que se instauren planificaciones centralistas que le digan a la persona qué carrera profesional seguir o no, solo porque contribuye al logro de “objetivos nacionales”, pues habrá que tomar en cuenta las aptitudes particulares que tenga la persona, aunque obviamente si deberíamos ir como país a conseguir un desarrollo potenciado en base a carreras técnicas de ingeniería o de matemáticas, que impidan el desarrollo de ramas sociológicas o sociales que sin duda están sobresaturadas.  Pero para hacerlo, debemos previamente mejorar la calidad de la educación en todos los niveles: primario, secundario, universitario y post universitario;  pero si el día de mañana les cerramos la puerta en la cara a muchos jóvenes que se gradúan de los colegios y que quieren estudiar una carrera que según la óptica gubernamental no es la más adecuada, esa vía no sería la mejor, porque previamente en los niveles inferiores (primaria y secundaria), se debió haber comenzando cambiando el sistema desde allí y no a última hora, violando los derechos libres de la ciudadanía.
Respecto a la libertad regulada, debo manifestar que si estoy de acuerdo con ella, en la medida en que existen también abusos de parte de gente que confunde libertad con libertinaje y piensa que se debe hacer lo que quiera en la vida, irrespetando el derecho de los demás y eso tampoco es posible de ser aceptado en una sociedad civilizada.  Por tanto, el Estado más que ser un agente económico activo en la vida nacional debe limitarse a sus funciones específicas: seguridad nacional, policía, respeto a la ley y a la propiedad privada,  políticas públicas de asistencia a los más necesitados, etc.  Manteniendo eso sí cierta independencia o autonomía entre el Estado y organismos técnicos como son por ejemplo, el Banco Central del Ecuador (para evitar el maridaje nefasto entre Gobierno y Banco Central, que haga que se emita dinero para financiar desequilibrios fiscales), o el INEC (para evitar maquillajes en las estadísticas económicas), Superintendencia de Compañías, Contraloría, Justicia, Asamblea, etc.
Quienes nos gobiernan deberían entender que es necesario asumir el compromiso histórico de no efectuar actividades económicas que las puede perfectamente realizar el sector privado, es decir, no seguir una política intervencionista en todo tiempo y lugar, que ahogue y desplace la inversión de los particulares, ésta debería ser hecha sólo cuando sea estrictamente necesaria, en períodos de crisis cuando no haya una empresa particular dispuesta a realizarlo, dado que esté deprimida. 
Otra solución técnicamente aceptada y que ha funcionado muy bien en otros países es declarar un recurso natural como el petróleo por ejemplo, como un recurso estratégico y por tanto en manos del Estado, como lo ha hecho Chile por ejemplo con el cobre, aunque entiendo que en este punto muchos economistas –liberales sobre todo- no estarán de acuerdo con lo que he manifestado; pero, debemos dejarnos de extremismos, de dogmatismos y de radicalismos, por ello también pregunto, ¿se puede considerar estratégica a la telefonía? ¿No será mejor abrirse a la competencia y permitir que entre inversión extranjera en este rubro?, me inclino por lo segundo, indemnizando lógicamente a la gente que trabaja en esas instituciones telefónicas que hoy por hoy son públicas y que no han sido un modelo eficiente de gestión históricamente, caso PACIFICTEL, por ejemplo.   Otra interrogante ¿No será mejor permitir que el IESS deje de ser un monopolio público y compita por los recursos de los afiliados?, se podría con el fin de no descapitalizarlo por ejemplo, introducir una reforma en el sentido de que el afiliado obligatoriamente deberá depositar en el IESS el 50% de su aporte, quedando el otro 50% a discreción y libertad del afiliado, con lo cual podrían venir inversiones en capitales financieros de la región, como funcionan las AFPS chilenas, por ejemplo y que le han permitido a Chile tener el más alto nivel de ahorro interno de la región.  Ahorro que permite ser soberano (en el buen sentido de la palabra), al no tener que depender en tanta magnitud de los capitales internacionales, tan escasos en estos tiempos de crisis.
En tal sentido, soy partidario del libre mercado o laissez faire, con escasa o poca intervención del Estado en la actividad económica, pero con los correspondientes controles básicos, para impedir que existan pequeñas mafias o grupos de poder político y económico que puedan influir decisivamente en el mercado y que terminen por convertirse en monopolios u oligopolios, tan combatidos en todo tiempo y lugar, por la verdadera escuela liberal, socialmente responsable, fundada por el escocés Adam Smith hace un poco más de 200 años, con vigencia aún en estos tiempos de socialismos y capitalismos de Estado altamente intervencionistas, que son además restrictivos de la necesaria y bien entendida libertad económica, social y política. 


[1] Lo que para von Mises representa el “azar”, personalmente lo identificaría con “Dios” y su destino para la humanidad.  Gracias a Dios, todavía hay gente valiosa y talentosa.  Verdaderos líderes del cambio y es cierta esta frase, cuántas cosas positivas les debe la humanidad, a estos geniales personajes y a muchos otros, que eran individuos comunes, eso sí dotados de un talento excepcional, con altas dosis de humildad y humanismo, que son necesarios para cambiar al mundo.  No hace falta ser santos, hace falta sí tener un alto espíritu solidario y de empatía con los demás. 
[2] Las ideas liberales, han aportado en gran medida al desarrollo de la economía como ciencia social y no como ciencia política o sociológica, como lo es el marxismo, por ejemplo.  De allí que los conocimientos económicos, sin duda conducen al liberalismo.  “Todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos… Así que por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7: 17-19).